Nunca encontré a nadie que al decirle que uno fue jugador profesional de tenis, no diga: que bueno, eso es vida. Y creo respecto a este punto que es como todas las cosas en la vida, tiene su lado bueno y su lado malo. Si también tiene su lado malo, creanme.

El lado bueno, es que se conoce el mundo haciendo algo que nos gusta, que llegado a un determinado nivel lo tratan a uno entre algodones, y que se puede ganar mucho dinero.
Pero para llegar a eso, hay que pasar por otros lugares no tan lindos, por no ver a la familia por muchos meses (si ya me los imagino diciendo, y? lo malo donde está?) por no poder tener una relación seria porque uno es un nómade. Por aprender que es la decepción y la fustración muy pronto. Por vivir una vida totalmente fuera de lo común, donde, en la mayoría de los casos, a uno no le da pena terminar el secundario, sino que es un alivio. Donde no existen los fines de semana de fiesta con los amigos, porque uno nunca está, o porque no puede. Por no poder ir al viaje de egresados y por muchas cosas mas. No es mucha la gente que lo entiende, y ya sea por la distancia, o porque no se tiene en algún momento nada en común, uno se va distanciando de mucha gente.
Los comienzos profesionales normalmente no son fáciles. Sobretodo para los sudamericanos y mas para las mujeres, que casi no tienen torneos cercanos y si uno quiere dedicarse a esto, se tiene que ir al exterior. A esto uno tiene que sumarle si tiene o no algún tipo de apoyo económico ya que los gastos son altos. Y he llegado a la conclusión que contar con este tipo de apoyo es fundamental.
Además, respecto al tema de los sexos, es importate destacar que los hombres son mas compañeros que las mujeres. Se ayudan mas entre ellos. Esto es parte de la naturaleza, pasa en todas las actividades. Somos terribles
Y ahora volvemos a la parte linda, que todos ven, los tenistas exitosos, que son jóvenes, ganaron mucho dinero y tienen las chicas bonitas. La envidia de muchos. Y como no, pero recuerden que pasaron por muchas cosas para llegar a eso que nadie vio. Por algo hay sólo unos pocos afortunados.
Para terminar, quiero compartir con ustedes, una frase que me quedó grabada y que se relaciona con esto perfectamente:
No envidien mi éxito, sino conocieron mi sacrificio.