Del potro el fenómeno en ascenso
Acaba de emerger una nueva silueta destinada al patio de los elegidos. Juan Martín Del Potro, que se ampara bajo la sombra de su sencillez, ya prepara la fiesta en Tandil para celebrar este presente, los cuatro títulos al hilo, y ya tiene la raqueta con la que los ganó envuelta en regalo para Martín Palermo.

El domingo del tandilense fue tranquilo, demasiado tranquilo. Dencansó más que la noche posterior al debut aquí ante Guillermo Cañas y se entrenó liviano bajo la supervisión de Franco Davin mientras Boca edificaba su goleada sobre Huracán, que finalmente no vio por televisión en el restaurante Novecento, en el Soho, como tenía previsto.
“¿Cábalas? No, no tengo cábalas. Franco siempre me dice que las cábalas no son buenas consejeras, que no hay que tomarlas en serio, y que la única cábala que hay que tener es trabajar y hacer las cosas bien porque así los resultados, tarde o temprano, siempre llegan”, cuenta con esa voz gruesa y adolescente a la vez este tandilense de dos metros de altura, dueño de una carrera que no tiene techo.
Del Potro es hoy aquí un fenómeno del que todos hablan. Las parejas que almuerzan y cenan en los inmensos patios de comida que hay entre cancha y cancha hablan de Del Potro. Los pibes, los grandes, los fanáticos del tenis tienen a flor de labios a este fenómeno que en abril era el 81 del ranking, que hace apenas dos meses era el número 65 y que hoy, en la antesala de su cumpleaños número 20 (será el martes 23), va derecho a meterse entre los top ten más temprano que tarde, al compás de su formidable derecha y de su corazón inquebrantable.
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